quinta-feira, 26 de fevereiro de 2009

Las bibliotecas, al alcance de todos

La tendencia de los grandes archivos mundiales consiste en digitalizar su acervo y ponerlo a disposición de cualquier usuario


Por Eleonora Vallazza Para LA NACION

Hasta hace apenas unos años, visitar algunas de las mejores bibliotecas del mundo era un privilegio al alcance de aquellos –pocos, poquísimos– que podían permitirse semejante inversión de tiempo y dinero. Hoy, el desarrollo de la informática y la expansión omniabarcativa de Internet han permitido que el conocimiento se democratice al punto de que cualquier usuario de la web puede visitar, entre otras, las bibliotecas del Instituto Cervantes, la Nacional de Francia y la de la Unión Europea sin moverse de su casa, a golpe de clic. Esto significa, ni más ni menos, que buena parte del acervo libresco de la humanidad empieza a estar disponible para cualquiera, en cualquier momento y en cualquier lugar. Internet no necesariamente representa una utopía del conocimiento, pero en la vastedad de su océano hay islas cuyo paisaje se parece mucho al de la globalización del saber. Su impacto dependerá de las inquietudes del usuario. El impulso que las bibliotecas digitales han cobrado en el último tiempo marca un nuevo desafío para aquellos de veras interesados en descubrir los grandes tesoros de la cultura universal.

Definitivamente, la tendencia que rige las políticas de las principales bibliotecas del mundo consiste en digitalizar los archivos y acercar sus materiales a los usuarios de todo el planeta. Para el internauta de habla hispana, la principal referencia es la gran colección virtual que espera en el sitio de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, inaugurada en 1999. La biblioteca alberga más de 30.000 obras, que van desde los grandes clásicos de la literatura española hasta la documentación relativa a la Conquista, pasando por la poesía contemporánea de ese país y una importante selección de los trabajos literarios, históricos y jurídicos de América latina. El objetivo de ese proyecto es digitalizar el mayor patrimonio bibliográfico, documental y crítico de la cultura de España y América, y para ello se organiza con varias bibliotecas. Una serie se les dedica a grandes figuras de la cultura hispanoamericana; otra, a documentos textuales y audiovisuales que no sólo abarcan un amplio espectro cultural sino que, además, permiten el acceso a otros grandes archivos, como los Manuscritos de América (en las Colecciones Reales) o la Biblioteca José Toribio Medina de Chile y la Biblioteca Nacional de México. Una vez allí, el usuario encontrará un link que lo lleva a la Biblioteca de Autor Miguel de Cervantes, desde donde puede acceder a la obra completa del autor del Quijote, en distintos formatos y ediciones.
A pesar del abismo que separa las economías de Europa y América latina, hay que decir que el desarrollo on-line de las bibliotecas de nuestro continente tiene poco que envidiarles a los proyectos de España o Francia, entre otros países. Un buen ejemplo es la Biblioteca Digital Andina (), que busca contribuir al conocimiento, preservación y divulgación de la cultura andina, y fortalecer la identidad común (en este caso, no tanto por la inclusión de obras clásicas y ensayos sobre la cultura andina, sino también y sobre todo, por la digitalización de obras que estudian la peculiaridad de las lenguas aborígenes de la región). Este proyecto pertenece a la Secretaría General de la Comunidad Andina y allí el lector interesado encontrará las bibliotecas nacionales y las de las universidades públicas y privadas de Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. Curiosamente, los recursos financieros, humanos y tecnológicos son fruto del aporte del Ministerio de Relaciones Exteriores del Gobierno de Francia, que se vehiculizan a través de la Agregaduría de Cooperación para los Países Andinos en la Embajada de Francia en el Perú y el Instituto Francés de Estudios Andinos (IFEA).

En América latina, la posibilidad de disponer de obras digitalizadas de diferentes épocas, naciones, autores y temáticas nunca es sencilla, y tal vez el caso más extremo sea el de Cuba. Sin embargo, aun allí hay proyectos que, con notable esfuerzo, intentan trasladar su realidad cultural a la pantalla de la computadora. En Cuba, la Fundación por la Libertad de Expresión es una organización no partidista sin fines de lucro que apoya el crecimiento de la prensa libre en la isla, y en su portal, promueve las actividades de las bibliotecas independientes cubanas. Este proyecto, disponible en www.bibliocuba.org , refleja el trabajo realizado por la red de bibliotecas independientes fundadas desde 1998. Debido a cuestiones propias de las realidad sociocultural cubana, digitalizar las colecciones de las bibliotecas resulta prácticamente imposible; por eso, este sitio ofrece, por un lado, las direcciones de las bibliotecas (que al mismo tiempo requieren donaciones de material bibliográfico y hasta de materiales de oficina, como lápices, bolígrafos y papel), y por el otro, una serie de artículos escritos por periodistas e intelectuales cubanos disidentes. Estas bibliotecas se desenvuelven en casas particulares, donde las grandes colecciones personales se ponen a disposición de todos los vecinos; su versión on-line reproduce ese mismo proceso pero a escala global. En Cuba, todo aquel particular que quiera fundar una biblioteca independiente debe poseer como mínimo 300 libros y conocimientos elementales de bibliotecología; su desarrollo virtual pretende evitar cualquier forma de censura en temas, autores, ideologías y religiones, lo cual se convierte en una forma impensada de activismo cultural.

Digitalizar los archivos de una biblioteca implica costos altos. En países como Francia, la cuestión presupuestaria no representa un obstáculo insalvable, y tal vez por eso el espacio virtual Gallica de la Biblioteca Nacional Francesa, está tan bien desarrollado. Gallica se creó en 1998 y se actualiza mes tras mes. En su interior hay más de 90.000 obras y 80.000 imágenes, y tanto material la ha convertido en una de las principales bibliotecas digitales a las que se puede acceder actualmente. Su colección se organiza por disciplinas (derecho, economía, ciencias políticas, historia, literatura, ciencias y filosofía) y, aunque privilegia la cultura francófona, también incluye obras clásicas extranjeras en su idioma original y traducidas. En una vía menos oficial y sistematizada que la de Gallica, el internauta bibliófilo tiene a mano otros sitios dedicados a la cultura del país de Voltaire, como la Biblioteca de Poesía Francesa , donde pueden leerse más de 6000 poemas en lengua francesa, en un arco temporal que va de la Edad Media a principios del siglo XX. Ambas bibliotecas se complementan y colocan a Francia en la vanguardia de este segmento cultural.

Con la mira puesta en el futuro, la Unión Europea creó el programa eContentplus, parte integrante del proyecto i2010, cuya meta es unir a la sociedad del conocimiento con la industria de los medios de comunicación. La joya del programa es la megabiblioteca Europeana , que funciona desde noviembre pasado y actualmente se encuentra en período de prueba. Europeana albergará más de dos millones de obras, entre imágenes, textos, sonidos y videos. Será la biblioteca virtual más grande del mundo y en ella participan más de cien organizaciones académicas y editoriales (principalmente, miembros de la Koninkljke Bibliotheek, la Biblioteca Nacional de Holanda), además de expertos en informática de toda Europa. Esta biblioteca virtual intenta enriquecer el patrimonio europeo al combinar el espíritu multicultural y multilingüístico con tecnología de avanzada y nuevos modelos de negocios. Un dato importante es que, para poder utilizar sus servicios, no es necesario registrarse, pero aquellos que sí lo hagan tendrán acceso a herramientas que personalizarán el perfil de usuario y, así, permitirán formar parte de las comunidades virtuales en las que se podrá compartir, discutir, e inclusive bloguear su contenido, como una red social en plena biblioteca (virtual). Con este servicio se pone de manifiesto un aspecto muy novedoso en la digitalización de la cultura, que por un lado democratiza el conocimiento y por el otro fomenta la participación de los usuarios en forma activa.

Internet no es una utopía del conocimiento, pero estas bibliotecas digitales cumplen el sueño de Borges: transformar el mundo en un libro. O mejor dicho, recorrer el planeta como quien se mueve por un libro, a través de la navegación por la Red. Muchos libros, mapas y documentos históricos están al alcance de cualquier usuario; aunque tal vez hoy no se la vea en toda su dimensión, hay pocas noticias tan buenas como ésa.


Fonte: ADNCultura

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